sábado, 10 de septiembre de 2011

DAÑO COLATERAL

Repentinamente una forma explota en una variedad de entes topológicos, representados en el destino magro de una percepción incauta. No se trata de buscar un camino que lleve a grandes consecuencias, sino de sentar las bases de una ficcionalización aparente y fría de una vida cálida y sin sentido. Tomar muy ligeramente la intención no revela más que la prolongación inherente de un preternatural abismo, que envuelve con una taza monótonamente creciente las hedonistas sensaciones oníricas que sólo pueden provenir de la procrastinación.
Punto y aparte, sería muy fácil incluir la epanadiplosis en cualquier argumento en el que la simetría tuviera que jugar un papel importante. La carencia de posturas lógicas en la percepción de las sucesiones temporales sólo es muestra de lo poco que en realidad comprendemos de la cardinalidad de nuestro conjunto universo, necesariamente cerrado para que se puedan gestionar en él una variedad numerable de teorías cognitivas. Punto y aparte.
Sin embargo, un error colectivo transformado en regla por anadiplosis generalizada, sigue siendo un error. Las incontables analepsis que llenan las sucesiones temporales poco tienen que ver con procesos intuitivos, sino con la estandarización de tecnologías lingüísticas y referencias al posmodernismo cinematográfico. No podemos huir de nuestro mundo, dado que él huyó primero de nosotros. Decir, decir, decir, y un streaming cortado por falta de tiempo. Tiempo de completar la greguería.
Y se puede hundir el imaginario colectivo en inútiles descripciones de mundos alternos y presentes; una metamorfosis del suspenso en una realidad que nada tiene que ver con los marcos políticos que la rigen. La concatenación de hechos nunca es claramente causal, sino parte de una interpretación errónea. Suponer que una estadística puede tomar control de nuestras vidas parece una falacia sofista, y es al mismo tiempo el vehículo de la iluminación científica.
Con motivo de caer en la falsa modestia, popular y anacrónica, se recurre a la captatio benevolentiae con toda una parafernalia metalingüística, que involucra el total de expresiones estéticas, y las prostituye con amables y afectadas versiones de si mismas ofrecidas a las masas. Ya no hay quien meta en bolsas a los conejos para suprimirlos, ni quien entienda la acidez del sarcasmo que solemos llamar existencia. No es una cuestión metafísica, sino una realidad coufroláticamente polisemántica.

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