jueves, 7 de febrero de 2008

Píntame un mundo perfecto

Píntame un mundo perfecto,
librado de mi libertad,
para que el color de la vida
vuele, cual ave sin nombre…
Que el rojo de tu vida
sea más que sangre…
Guerra, sed y desesperación…
Que el azul de tu cielo
que es poco en tu divinidad
permita tu coronación celestial…
Que el amarillo de tu sol
ilumine mi oscura realidad
y tu calor deshiele mi corazón
Y que la eterna combinación de calor
destruya mi inmortal palidez
Y mi vida acabe…
Para fusionarse en la tuya…

Confesiones de un preordinario

Una y otra vez

me vuelvo a encontrar

en el laberinto

No acabo de salir bien airado de él

las olas que vibran

el caballo sobre la mar

y el barco en la montaña

Érase uno

tres y dos

como factores únicos del indescifrable poema

¿soneto arcaico?

No, pues a la forma huyo,

huyo como el águila al devorarse a la serpiente

y huyo como el valiente al tomar el fusil

y disparar contra la opresión

Pero la opresión no existe

pues en mi cabeza el verde

que te quiero verde

surge creyendo que

era…

su trágica espada cae contra la ametralladora

Música

espada y ametralladora

espada y ametralladora

espada y ametralladora

el lema del gobierno hostil contra la luz

que viene de muy lejos

a ofrecer el perdón

que viene

de muy lejos

en el jardín de los poetas

que nacen al alba

sin saber realmente

que son unos

y otros…

y los pasos se ensalzan en

una forma abierta

que

descubre

las almas

¿a la oscuridad?

¿Hay alguien ahí?

¿Hay alguien ahí?

¿Hay alguien ahí?

Nada, un silencio sepulcral…

mi respiración se contiene…

¿Hay alguien ahí?

siento el movimiento,

la mano asesina que me asecha,

entera y disuelta en millares de copos blancos

ácidos y perturbados...

¿Hay alguien ahí?

la pregunta se extiende...

tiempo inerte, atacado, vencido

sangre inocente derramada

emociones contenidas que desgarran

una lamia mordiendo a una niña

el trauma incestuoso que domina la faz de la Tierra...

¿Hay alguien ahí?

hay un ser nimbado que recorre las cúpulas ojivales

un ser nimbado que se acerca

trae en la mano derecha una espada fulgurante

en la otra trae una corona de espinas

¿Es éste mi asesino?

¿Hay alguien ahí?

siento mis pies... siento que en mi cabeza pienso, pero no pienso, sino que me atemorizo…

¿Hay alguien ahí?

¿espectros, fantasmas, demonios, lamias, basiliscos, licántropos, dragones, unicornios, vampiros, brujas, ángeles, duendes, homúnculos, dioses, crucificados, mártires, papas, sacerdotes, hombres honrados?...

¿Hay alguien ahí?

No hay nadie...

escucho anaranjado,

mientras que mis manos saborean un amargo...

y veo las imágenes sonoras...

¿Estaré muerto?...

Cuento

El tiempo no cede, y en su inexorable búsqueda del movimiento perpetuo alienta las llamas perennes del fatídico exordio…Cuentan las leyendas que en un país muy extranjero se hallaba una selva, en cuyo corazón se hallaba un magnífico tesoro… Sin embargo, nadie en su cabal juicio podría haber dicho en qué consistía, pero la imaginación del hombre llevó a imaginarse riquezas infinitas: oro y piedras preciosas, tal vez el yelmo de Mambrino o la espada de Amadís, quizá la sabiduría de Aristóteles, la fuente de la eterna juventud o el Santo Grial…

Más de un valiente se había internado en la profundidad de la selva con el objetivo de encontrar el tesoro: caballeros de brillantes armaduras, con sus poderosas armas de batalla, escuderos y corceles; clérigos que cargaban sus toneladas de hechizos, rituales y fe; duques, condes, marqueses, príncipes azules. rojos, verdes y amarillos; ogros y gigantes, íncubos y súcubos, blancas princesas de porcelana, apasionadas doncellas (y otras no tanto), duendes, brujas, charlatanes e ilustrados…

Pero ninguno había regresado…

Algunos creen que sucumbieron sus fuerzas y perecieron, por lo que consideran la selva un gran cementerio; otros, por su parte se inclinan por la idea de que viendo su fracaso, retornaban nuevamente, pero con el alma tan demacrada y la sonrisa tan sombría que eran irreconocibles, hasta por ellos mismos; Algunos más, como yo, creemos que se convertían en traviesos simios, que entorpecían las caravanas de los buscadores del tesoro, logrando así, que estos en su desesperación y agonía emprendieran la metamorfosis a simios… Y es así, como miles de años cubrieron al tesoro: miles de sonrisas, atardeceres y lánguidos deseos…

Cierto día, un hombre que tenía como mayor ambición la aventura, y el espíritu emprendedor del que no tiene nada que perder decidió enfrentarse a la selva… Armado únicamente de su paciencia y perseverancia entró al vasto universo oscuro y tenebroso, aterrador por algunos momentos y sublime: etéreo y mundano.

La travesía incluía cruzar ríos, y pantanos, caudalosos senderos de muerte y destrucción, pero también de vida y felicidad; inmensos valles, habitados por espectros de la tristeza, los cuales alargaban sus frías manos en busca de la felicidad que les fue negada; oscuras tempestades, y entonces parecía que el firmamento quería tragarse a la tierra…Además de los simios

Muchas veces nuestro héroe temió perder su vida, ahogado en las violentas aguas de la desesperación, el odio y la ira que hallaba a su paso; parecía que una tormenta cargada y culpable llenara su alma de agonía. El éxtasis del amanecer se disolvía lentamente con el paso de las pequeñas olas del mar de los tiempos, que amenazaba los días, y hora a hora mostraba su faz desolada…

El llanto de los espectros imploraba por sangre, muerte y fatalidad, el veneno de la codicia parecía infectar todo a su paso, tarántulas, serpientes, arpías y lamias. Parecía que el sol tenía miedo de iluminar los parajes sombríos. Había frío y todo era oscuridad… Y además estaban los simios.

Un cementerio de esperanzas y buenos deseos estaba sepultado bajo los ríos de lava que corría irrigando una vida ancestral: demiurgos que juegan en un paraíso de sed… Pero Él no se rendía… Caminaba infatigable, soportando tormentos dignos de cualquier círculo del infierno de Dante, y aún, de los paraísos atormentados que imaginaba Mahler en sus sinfonías… Había un llanto tan hermoso, que corroía hasta la imaginación y embelesaba los instintos innatos del asesino. Era hermoso y aterrador, doloroso y, sin embargo, tentaba las almas hacia un destino fatal…

Muchos años pasó nuestro héroe, y llegó el momento en que sus fuerzas flaquearon. Se tiró desvanecido, aceptando su muerte. Fue entonces cuando distinguió entre las sombras una luz. Se encontraba en lo alto de una montaña que se alzaba en el horizonte…Y con ánimos renovados corrió por los acantilados, los pantanos y las llanuras. Sabía que toda su vida se había preparado para encontrar ese tesoro. Y fue cuando llegó a la montaña.

Era alta, llena de riscos, y estaba totalmente congelada. Subirla parecía imposible, pero eso era justamente lo que hacía a nuestro héroe soñar. Que era imposible…Recordando algunos versos yámbicos que había escuchado en su niñez empezó a escalarla…

Parecía que su vida entera estaba en ello. La fuerza de la voluntad lo hizo escalar la montaña durante infinitos años, pero no le tomó ni un segundo llegar a la cima…Al llegar cerca de su objetivo, percibió un aroma etéreo: un hálito de esperanza, como néctar de los dioses, y una luz que encegueció sus ojos, pero no por mucho tiempo… Desde la cima se podía ver el amanecer…

Vaniloquio

No puedo levantarme... ¿Sueño acaso? No creo. El sentimiento se hace tan grande, que extingue hasta el último ápice de mi fuerza. Si acaso fuera de mañana, si acaso tuviera oportunidad de abrazarte… Pero las probabilidades son tan escasas, alígeras y vanas. Sinrazones las llamaría el estigma salvaje. Una humilde oscuridad. Y otra vez mis músculos me detienen en el exordio de la agonía: un discurso sordo, vano, cansado y triste que acelera su marcha haciéndose incontenible.
Veo deambular sombras en el espacio inerte de mis pensamientos; sombras que algún día fueron pasiones arrojadas, chispeantes; sombras que me entristecen cual esfera luminosa en la senda guerrera de Marte. Y la nada, ante todo, la nada, espectro que sigue las danzas sencillas de los enamorados en tinieblas abismales y retóricas del tabernáculo ezquerdeado.
Éxtasis de vaniloquio es mi silogismo, y la poesía que emana de tu ínclita sonrisa destierra mis lascivos pensamientos en aras de mi natural agotamiento. Un día al fusionarnos veremos al púrpura recitando deliciosos versos yámbicos en honor a Palas Atenea, mientras el espíritu se eleva hasta el resplandor callado y consustancial del éter rosado.
Te describe la música que llena mis sentidos, los hiperbatones sentenciados al seguir la naturaleza; la palabra en tinta que se refiere al ser omnipotente, el verbo y la gracia, el poder del amor… El océano inmenso que invierte el dorado ocaso en componer himnos espondeos, las pasiones oníricas, el cosmos.
Y al final… añado trozos, en el proscenio de mi vida, cohobándola con dulces compañías como la tuya…

¡Caerán primero los nimbados ángeles, y el hálito se transmutará en tormentas, pero el excelso canto transformado en orobias irá en pos de las ojivales cúpulas de tu yo!