sábado, 23 de marzo de 2013

Filtro uno.


Escribo una cadena aleatoria de palabras que no puede en realidad serlo porque estoy sujeto a una serie de reglas gramaticales, que inconscientemente moldean  la estructura de mi pensamiento. Podríamos verlo como una variable aleatoria que produce cadenas de caracteres concatenados bajo un código denominado español, que genera símbolos semióticamente blancos transmitidos por un filtro epistemológico de respuesta al impulso finita: 

Espada, escarabajo, nariz y fonema, así, no, después y fatal. Gremio, cofradía y veloces cangrejos. Sueños que perdidos, contentos están. El cuarteto ejecuta manzanas en do mayor, con voces de nieve, amargo fulgor. 

Las bodas químicas, el hierro y la hiel, las rimas que gozan sin miedo a caer. Dos mirlos, estrellas y teclas. Mañanas de niebla, ahogadas sonrisas.

Y tal vez en el fondo de la montaña, o en la cima del mar se encuentra una niña de cabellos dorados que muere al ocaso del día...

domingo, 10 de febrero de 2013

IDDQD


Si bien la idea intuitiva de libertad ha perseguido al hombre a través de toda su historia, una definición universalmente aplicable ha escapado incluso de las mentes más brillantes de cada generación. Así que me tomaré la libertad de no definirla propiamente. Personalmente creo que la libertad es un ente multidimensional que mapea la percepción de la dimensión probabilística en los sistemas dinámicos en términos de sensación y facultad. Esto es la capacidad del ser de percibir  la incertidumbre de los acontecimientos futuros sin dejar de lado su capacidad de interactuar e introducir en ellos dinámicas determinantes. No es casualidad que Schiller en Kallias oder Über die Schönheit, siguiendo a Kant y los ideales del romanticismo decimonónico, haya definido los ideales estéticos, particularmente la belleza, en términos de la libertad en potencia. 

La capacidad de razonar ha sido asociado desde etapas tempranas de la humanidad con la libertad. No por nada  tanto religiones como  regímenes totalitarios han buscado la forma de adoctrinamiento que despoje al hombre de su capacidad de raciocinio en busca de disminuir su libertad (como el juicio de Sócrates, descrito por Platón), aunque en ocasiones la razón tiende a funcionar mas como un constraint, una restricción o límite, un freno elemental que limite los deseos individuales en busca de un bien colectivo, como es el caso de la formación de la civilización y sus inherentes leyes de convivencia. Ejemplos de ambas situaciones tomados de la ficción escrita serían la distopia  descrita en 1984 de Orwell y la anarquía de Lord of the Flies de Golding

Desde un punto de vista muy mecanicista, y terriblemente simplista y funcional, la diferencia entre reglas y restricciones en cuanto a su relación con la libertad está en las mismas leyes de la física, que es finalmente lo que motiva mi definición de la libertad en términos de probabilidad. Esto implica que de intentar saltar desde el Ángel de la Independencia estoy obligado por la gravitación a caer a una muerte muy probable, siempre seré libre de intentarlo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Regreso


Mi habitación se llena de una luz amarillenta y cansada, cálida y un poco vaporosa, que evoca fantasías ligeramente decadentes. Recuerdo un pasado inexistente y posmodernista, con la sonoridad de óperas en acetato, o viejas canciones de Edith Piaf. La importancia del proceso pierde relevancia ante la inminencia del resultado. Sin embargo me persigue la pregunta... ¿Qué hay fuera del universo?

Entelequias fatalistas ahuyentan mis emociones. No. Es simplemente el cansancio. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

Eolofonía


Tal vez sea mi falta de inteligencia visual, pero me sorprende que la luz y el sonido puedan ser analizados matemáticamente de forma prácticamente idéntica. De pronto empiezo a creer que mi visión mecanicista del universo es efectivamente estrecha. Es entonces cuando el Plan comienza a formarse en mi cabeza. Sin embargo, me limito a ser el director del Departamento de Tripodología Felina: Parece que solo siendo redundante y repetitivo pueden surgir ideas innovadoras. Desearía, no obstante, poder entregarme con pasión a las artes herméticas, ser víctima de una epifanía o ser poseído por el espíritu de mis (hipotéticos) ancestros chamánicos, hundirme en rituales místicos para tener conversaciones con entes preternaturales en planos ultraterrenales, las apoteosis gloriosas de los homúnculos, acceder al arcano misterio. Porque las conexiones rosacrucianas están en el arte esotérico de las bodas químicas, cuyo alquímico secreto es ser parte de una película. Tal vez en algún posible universo soy Gran Maestre de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. ¿Podría ser que  exista un universo donde el mundo esté moldeado a mis deseos? Me siento envuelto en un mar de abismos insondables ( A sea of holes!) en busca del mar verde que me lleve a Pepperland (¡¿Agartha?!). Meditación mística que me transporta a las esquinas más recónditas de mi imaginación. Entonces me doy cuenta que ya no pienso con mis propias figuras, si es que alguna vez lo hice, y esa es la maravilla de la ficción, como combinatoria de íconos, índices y símbolos. Y otra vez me pierdo en laberintos semióticos: tiendo a pensar que la música es una construcción arquitectónica, una serie de reglas gramaticales... 

Y de pronto recordé todo con maligna nostalgia. No soy Sam Spade sino Rick Blaine, esperando, perdido eternamente entre las delicias armónicas de una renovada cultura posmodernista. Siempre tendré París (o la Ciudad de México, que para el caso da lo mismo). En ocasiones quisiera poder hablar de lo que  no he visto. Sufro de evocaciones a un pasado inexistente, como fantasmas que tocan jazz y juegan con shinigamis a decidir el destino del mundo. No soy el último hijo de Krypton. Tal parece que mi pluma está varada, y que los ríos de tinta fluyen en dirección contraria.  Y quizá todo suceda porque en alemán hay una z de diferencia entre limpio y mágico. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Aeropuerto


Sombras caminan sobre aceras humeantes,
inconstantes mariposas de un pasado incierto.
La pluma fluye con palabras inexistentes,
pero el corazón calla con silencio fúnebre.
Y escucho el canto incongruente de los sabios
y la paradójica lucidez del inocente:
Sobrevaloro una sobriedad consistente, 
mientras sueño con metáforas psicotrópicas.

Nada


Siempre me sorprendo ante la inmensidad de la nada. ¿Será verdadero que no hay nada fuera del universo? Una nada infinita, pero cálida, que lo envuelva. Me imagino  la nada como un mar de leche en el que flota nuestro universo, cual ectoplásmica  burbuja (que irónicamente parece ser plana). Silly me!. Silencios siderales que rinden tributo ante las inmutables columnas de Meletea, Mnemea y Aedea. Y aunque Clío escribe la historia con mayúsculas, se desarrolla siempre en el cotilleo de las minúsculas. Y de la nada. Más que el vacío que llena la mayor parte del espacio. La nada es mayor al vacío, y es más sabia porque no le interesa ensuciarse en procrástinas cavilaciones del ser. La nada NO ES y punto. Pero al mismo tiempo es. Y podemos intentar definirla con formulaciones cuasi alquímicas, figuras retóricas y demás parafernalia de la tecnología lingüística, pero solo tendremos una burda aproximación (lineal) sobre su verdadero valor semiótico. Y me pregunto si se puede además hablar de la nada en el tiempo. El tiempo como dimensión admite un mapeo al campo de los números reales, y es posible encontrarse en el origen del sistema de coordenadas (¿Es verdaderamente posible encontrarse en el origen?). Pero la nada en el tiempo no es idéntica a t=0. Esa es una confusión semántica. Es por eso que me imagino a la nada como un ente meramente espacial. Y argumento con silogismos sofistas en este vaniloquio que no es NADA. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Nieve


A veces parece que el mejor lugar para escribir es un tren. Las palabras parecen fluir más cómodamente mientras el mundo se mueve a mi alrededor. Entonces puedo hundir mis pensamientos en la nieve. Soy prisionero de la termodinámica.

Estoy en un cuento de hadas que me ha superado, un promenade que se abstrae y  deriva fuera de los cuadros de la exposición. La música es una metáfora de la vida. Pero es al mismo tiempo una ironía, puesto que las estructuras que la componen se esfuman entre mis dedos.

Y me rodea la nieve a modo de blanca armonía. Hoy no me siento un ser absoluto. Hoy puedo disfrutar de la nieve sin tratar de componer el mundo en una línea. Tarea inacabable y sin sentido. Imagino (¿Calculo acaso?) las posibilidades semánticas de las palabras. Hoy no estoy cantando bajo la lluvia, ni venerando una vana venganza desnuda ante la vanidad de mi voz. Civismo de tradición latina, de incógnito en tierras germanas. 

Sensibilidades maceradas por una paciencia violenta. Siento una dulce rabia fluir por mis dedos, mientras imagino la nada cubierta de nieve. Mi superyó está dormido, por lo que no distingo la frontera entre mi conciencia y mi inconsciencia. Observo la inmensidad del paisaje, un horizonte escondido entre la neblina. Montañas que guardan secretos. Un tesoro inalcanzable para mi imaginación. Supongo entonces que el paisaje está en mi menor. Y así puedo describir con mayor habilidad la nada que compone mis pensamientos con un laconismo armónicamente completo.

Hoy no puedo esbozar metáforas humeantes, fantasías pertenecientes a estados  psicotrópicos. Hoy mis musas duermen. O tal vez contemplan la nieve. Y sonríen.