domingo, 11 de diciembre de 2011

Nieve


A veces parece que el mejor lugar para escribir es un tren. Las palabras parecen fluir más cómodamente mientras el mundo se mueve a mi alrededor. Entonces puedo hundir mis pensamientos en la nieve. Soy prisionero de la termodinámica.

Estoy en un cuento de hadas que me ha superado, un promenade que se abstrae y  deriva fuera de los cuadros de la exposición. La música es una metáfora de la vida. Pero es al mismo tiempo una ironía, puesto que las estructuras que la componen se esfuman entre mis dedos.

Y me rodea la nieve a modo de blanca armonía. Hoy no me siento un ser absoluto. Hoy puedo disfrutar de la nieve sin tratar de componer el mundo en una línea. Tarea inacabable y sin sentido. Imagino (¿Calculo acaso?) las posibilidades semánticas de las palabras. Hoy no estoy cantando bajo la lluvia, ni venerando una vana venganza desnuda ante la vanidad de mi voz. Civismo de tradición latina, de incógnito en tierras germanas. 

Sensibilidades maceradas por una paciencia violenta. Siento una dulce rabia fluir por mis dedos, mientras imagino la nada cubierta de nieve. Mi superyó está dormido, por lo que no distingo la frontera entre mi conciencia y mi inconsciencia. Observo la inmensidad del paisaje, un horizonte escondido entre la neblina. Montañas que guardan secretos. Un tesoro inalcanzable para mi imaginación. Supongo entonces que el paisaje está en mi menor. Y así puedo describir con mayor habilidad la nada que compone mis pensamientos con un laconismo armónicamente completo.

Hoy no puedo esbozar metáforas humeantes, fantasías pertenecientes a estados  psicotrópicos. Hoy mis musas duermen. O tal vez contemplan la nieve. Y sonríen.


domingo, 4 de diciembre de 2011

Fotografía


Quisiera  permanecer virtualmente inmutable, como en un retrato fotográfico, ante el inexorable destino al que  lleva la segunda ley de la termodinámica. Es curioso pensar, que un concepto tan abstracto como la entropía permea la totalidad de nuestra percepción del espacio y del tiempo. Una flecha tirada desde la atalaya sideral, que atraviesa infinitos campos, espacios, anillos y grupos, que no necesariamente tienen que ver con la concepción topológica del universo.
Preferiría ser una invocación escondida en un libro de 410 páginas, hundido en alguna biblioteca de galerías hexagonales, proveniente de la preternatural pluma de Abdul Alhazred, una sensación onírica forzada por la concatenación polisemántica de palabras en un lenguaje no estructurado. Ramiel derrotado en singular combate por el cero y el uno, en un futuro postapocalíptico inmerso en un campo de terror absoluto.  
Tal vez desearía ser el demonio de Maxwell, viajando a velocidades complejas: un demiurgo metafísico. Sueño con convertirme en una prosopopeya no retórica, y anhelo ser parte de algún universo ficticio no mundano, donde el ectoplasma onírico no muera en el exordio del día.

jueves, 6 de octubre de 2011

Organización estructurada


Soliloquio que lleva a terrenos inexplorados en mi mente. Dejo que las palabras fluyan, pero no articulo oración. Un caballo en la montaña, pero ningún barco sobre la mar. Todo está trastornado porque no deseo pensar. Tiempos finales que no constituyen una realidad mundana que se hunde en prosopopeyas... 
No entiendo mis deseos, por eso dejo correr las palabras, como un torrente que se esconde de mi imaginación, como un elefante que no me deja seguir adelante. Estoy cansado. He caminado mucho, sólo para no seguir adelante. Seguir adelante no tiene sentido en tiempos de guerra, muerte perdida por odios sin... anadiplosis. Se cortó el flujo de mis pensamientos. 
Esto es un libro de lamentos, en el cual no pienso, pero existo, soy una falacia que no cree en ninguna especie de fábula. Pero de vez en cuando lloro de felicidad al saber el coufrolático destino de aquel lobo feroz y su hermosa doncella de piel blanca como la nieve, cabello negro como el ébano y labios rojos como la sangre. Vivo en un mundo que no me pertenece. 
Es tiempo de terminar, pero ni siquiera he empezado. Estoy cansado, lo repito, pero tal vez no lo suficiente para dejar de escribir. Este es un experimento surrealista en el cual transcribo (o tal vez describo) las palabras que cruzan por mi mente de manera efímera. Araña y golpes en el piso. Un tres cuartos que nunca se acaba, porque son cinco cuartos. Y dos. Y gripe aviar. Un espectro sin gas mostaza, un libro y cinta adhesiva. No. No era así, creo que he perdido el rumbo, pero como nunca lo tuve tal vez tenga que parar AQUÍ.

martes, 20 de septiembre de 2011

He visto el infinito


He visto el infinito
cuatro nubes en agonía
que buscan el fuego perenne.
He visto el infinito
pero no encuentro mi canto
salgo perdiendo mi orgullo
y todo está en verso blanco.
He visto el infinito
postrado en una cama obsoleta
culpable de si mismo.

Te soñé danzando en las estrellas


Te soñé danzando en las estrellas,
donde cuatro siluetas blancas te rodeaban,
porque embelesadas con tu fulgor
mostraban el camino al infinito...

sábado, 10 de septiembre de 2011

DAÑO COLATERAL

Repentinamente una forma explota en una variedad de entes topológicos, representados en el destino magro de una percepción incauta. No se trata de buscar un camino que lleve a grandes consecuencias, sino de sentar las bases de una ficcionalización aparente y fría de una vida cálida y sin sentido. Tomar muy ligeramente la intención no revela más que la prolongación inherente de un preternatural abismo, que envuelve con una taza monótonamente creciente las hedonistas sensaciones oníricas que sólo pueden provenir de la procrastinación.
Punto y aparte, sería muy fácil incluir la epanadiplosis en cualquier argumento en el que la simetría tuviera que jugar un papel importante. La carencia de posturas lógicas en la percepción de las sucesiones temporales sólo es muestra de lo poco que en realidad comprendemos de la cardinalidad de nuestro conjunto universo, necesariamente cerrado para que se puedan gestionar en él una variedad numerable de teorías cognitivas. Punto y aparte.
Sin embargo, un error colectivo transformado en regla por anadiplosis generalizada, sigue siendo un error. Las incontables analepsis que llenan las sucesiones temporales poco tienen que ver con procesos intuitivos, sino con la estandarización de tecnologías lingüísticas y referencias al posmodernismo cinematográfico. No podemos huir de nuestro mundo, dado que él huyó primero de nosotros. Decir, decir, decir, y un streaming cortado por falta de tiempo. Tiempo de completar la greguería.
Y se puede hundir el imaginario colectivo en inútiles descripciones de mundos alternos y presentes; una metamorfosis del suspenso en una realidad que nada tiene que ver con los marcos políticos que la rigen. La concatenación de hechos nunca es claramente causal, sino parte de una interpretación errónea. Suponer que una estadística puede tomar control de nuestras vidas parece una falacia sofista, y es al mismo tiempo el vehículo de la iluminación científica.
Con motivo de caer en la falsa modestia, popular y anacrónica, se recurre a la captatio benevolentiae con toda una parafernalia metalingüística, que involucra el total de expresiones estéticas, y las prostituye con amables y afectadas versiones de si mismas ofrecidas a las masas. Ya no hay quien meta en bolsas a los conejos para suprimirlos, ni quien entienda la acidez del sarcasmo que solemos llamar existencia. No es una cuestión metafísica, sino una realidad coufroláticamente polisemántica.