domingo, 4 de diciembre de 2011

Fotografía


Quisiera  permanecer virtualmente inmutable, como en un retrato fotográfico, ante el inexorable destino al que  lleva la segunda ley de la termodinámica. Es curioso pensar, que un concepto tan abstracto como la entropía permea la totalidad de nuestra percepción del espacio y del tiempo. Una flecha tirada desde la atalaya sideral, que atraviesa infinitos campos, espacios, anillos y grupos, que no necesariamente tienen que ver con la concepción topológica del universo.
Preferiría ser una invocación escondida en un libro de 410 páginas, hundido en alguna biblioteca de galerías hexagonales, proveniente de la preternatural pluma de Abdul Alhazred, una sensación onírica forzada por la concatenación polisemántica de palabras en un lenguaje no estructurado. Ramiel derrotado en singular combate por el cero y el uno, en un futuro postapocalíptico inmerso en un campo de terror absoluto.  
Tal vez desearía ser el demonio de Maxwell, viajando a velocidades complejas: un demiurgo metafísico. Sueño con convertirme en una prosopopeya no retórica, y anhelo ser parte de algún universo ficticio no mundano, donde el ectoplasma onírico no muera en el exordio del día.

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