domingo, 14 de octubre de 2012

Nada


Siempre me sorprendo ante la inmensidad de la nada. ¿Será verdadero que no hay nada fuera del universo? Una nada infinita, pero cálida, que lo envuelva. Me imagino  la nada como un mar de leche en el que flota nuestro universo, cual ectoplásmica  burbuja (que irónicamente parece ser plana). Silly me!. Silencios siderales que rinden tributo ante las inmutables columnas de Meletea, Mnemea y Aedea. Y aunque Clío escribe la historia con mayúsculas, se desarrolla siempre en el cotilleo de las minúsculas. Y de la nada. Más que el vacío que llena la mayor parte del espacio. La nada es mayor al vacío, y es más sabia porque no le interesa ensuciarse en procrástinas cavilaciones del ser. La nada NO ES y punto. Pero al mismo tiempo es. Y podemos intentar definirla con formulaciones cuasi alquímicas, figuras retóricas y demás parafernalia de la tecnología lingüística, pero solo tendremos una burda aproximación (lineal) sobre su verdadero valor semiótico. Y me pregunto si se puede además hablar de la nada en el tiempo. El tiempo como dimensión admite un mapeo al campo de los números reales, y es posible encontrarse en el origen del sistema de coordenadas (¿Es verdaderamente posible encontrarse en el origen?). Pero la nada en el tiempo no es idéntica a t=0. Esa es una confusión semántica. Es por eso que me imagino a la nada como un ente meramente espacial. Y argumento con silogismos sofistas en este vaniloquio que no es NADA. 

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